La percepción de nuestra imagen corporal y su aceptación, es importante para mantener nuestra autoestima, pero la obsesión por mejorarla, tanto en nuestra juventud, para estar a la moda o aproximarse a lo que en cada cultura se interpreta como el modelo de belleza, como en la etapa adulta e incluso de mayores, al no aceptar los cambios inexorables producidos por el transcurrir de los años, implica ciertos riesgos para nuestra salud mental, y ha hecho aparecer especialmente en la última década, un sinfín de centros de belleza y clínicas especializadas como respuesta a esa demanda.
Los datos en nuestro país son espectaculares. En el año 2006, alcanzamos el nº 1 en el ranking europeo de gasto por habitante en productos de belleza, y se dispararon el número de intervenciones de cirugía estética, hasta el punto que se incluyó en el PIB como artículo de consumo. La crisis que comenzó el año 2008, hizo decrecer el gasto en este capítulo, pero en el primer semestre de este año parece haberse iniciado una recuperación. La utilización de estos servicios aunque es mayoritaria en la mujer (>80%), ha ido incorporando cada vez a más hombres.
Las actitudes obsesivas más frecuentes observadas en la juventud, son el temor al aumento de peso, que puede conducir a la anorexia en la mujer, llegando a utilizar laxantes y diuréticos, para alcanzar los modelos expuestos en las plataformas de Moda, y en el extremo opuesto, la vigorexia en el varón con cuerpos hipermusculados a base de horas diarias de gimnasio, anabolizantes y dietas hiperproteicas.
En la etapa adulta, en el varón la consulta más frecuente es la alopecia, y en la mujer el deterioro en mamas y abdomen, la obesidad localizada, y la aparición de arrugas y patas de gallo, para los que se utilizan multitud de procedimientos (reconstrucción, implantes, liposucción, botox, lifting, etc.) con resultados variables, a veces distintos a los previstos. En edades más avanzadas se utilizan menos estos servicios, pero el miedo a envejecer está ahí y acompaña a muchas personas hasta el fin de sus días.
La Cirugía Plástica y Reparadora desarrolla una función excelente ayudando a personas que han sufrido graves accidentes, amputaciones o quemaduras, y también en deformidades congénitas o adquiridas, que puedan repercutir tanto sobre el normal desarrollo psicológico del niño, como en la autoestima del adulto. Este tipo de Cirugía se desarrolla en grandes hospitales y sus avances han sido extraordinarios en los últimos años, con implantes de brazos, manos , piernas y recientemente la cara, pero hay otra rama de la especialidad: la Cirugía Estética que sale de los hospitales públicos y se instala en clínicas privadas donde desarrolla su actividad.
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